Electrificar el hogar: solar, batería, aerotermia (y coche eléctrico)
Durante años, la pregunta del sector ha sido "¿pongo placas o no?". En 2026, para muchos hogares, la buena pregunta es otra: ¿hasta dónde electrifico? Porque la fotovoltaica, la batería, la aerotermia y el vehículo eléctrico no son cuatro inversiones independientes que se suman: son un sistema donde cada pieza mejora el retorno de las demás. Y la diferencia entre mirarlo pieza a pieza o como conjunto puede ser de miles de euros.
Por qué la suma vale más que las partes
Una instalación fotovoltaica sola tiene un problema conocido: genera el grueso de la energía en las horas centrales del día, cuando la casa consume menos, y el excedente se compensa a precio bajo. Cada pieza que añadimos ataca ese desajuste por un flanco diferente.
La batería desplaza la energía del mediodía a la tarde y a la noche; es el primer multiplicador, y el más conocido. La aerotermia es el segundo, y el más potente en sintonía con el sol: una bomba de calor aire-agua con un SCOP de 4,5 convierte cada kilovatio hora eléctrico en unos 4,5 kilovatios hora de calor. Cuando ese kilovatio hora viene de tu cubierta a coste marginal casi nulo, calentar la casa y el agua sanitaria pasa a costar una fracción de lo que costaba con gas. Y tiene una virtud añadida que el gas no tendrá nunca: la calefacción se puede programar para trabajar cuando hay sol —sobrecalentando el depósito de ACS y templando la casa al mediodía—, convirtiendo el excedente de invierno, que es el más difícil de aprovechar, en confort almacenado en forma de calor.
El vehículo eléctrico, por último, es el consumidor flexible por excelencia: absorbe los excedentes que la batería y la aerotermia no capturan, especialmente en verano, cuando la producción desborda cualquier consumo doméstico.
El resultado práctico: la fracción de energía solar aprovechada directamente, que en una instalación sin nada más ronda el 30-40%, puede superar el 80% en un hogar totalmente electrificado con gestión inteligente. Y eso transforma los números de todo el conjunto.
El caso tipo: casa unifamiliar de 200 m² que cambia el gas por electricidad
Pongamos cifras con un caso que conocemos bien: vivienda unifamiliar de 200 m² en la costa del Maresme, bien aislada, con caldera de gas natural para calefacción (radiadores) y ACS, y con fotovoltaica de 8 kWp y batería de 30 kWh ya instaladas —la configuración que usábamos de ejemplo en el artículo de ayudas.
El dimensionamiento térmico sale así: con una demanda de punta de unos 50 W/m² en una casa bien aislada de esta zona, la punta de calefacción es de unos 10 kW. Una bomba de calor aire-agua de 11-12 kW da margen para los días más fríos y para la producción de ACS, que resolvemos con un depósito estratificado de 250 litros separado, para que la bomba trabaje en régimen óptimo. La pieza que nadie explica lo suficiente: los radiadores existentes de alta temperatura deben sustituirse por radiadores de baja temperatura (o tramos de suelo radiante donde la reforma lo permita). Hacer trabajar una aerotermia contra radiadores de alta temperatura hunde el SCOP y mata la rentabilidad del proyecto. Y una advertencia honesta: los radiadores no refrigeran; si quieres frío en verano, hacen falta fancoils o mantener los splits existentes.
El presupuesto realista de esta actuación, con equipo de gama alta, depósito, sustitución de diez radiadores, hidráulica, mano de obra, retirada de la caldera, certificados energéticos y trámites, queda alrededor de los 22.300 € con el IVA del 10% de reforma de vivienda incluido.
Los números: qué se ahorra y cuándo se recupera
Esta casa quemaba unos 12.000-14.000 kWh de gas al año entre calefacción y ACS, con una factura de unos 1.100-1.300 € más el término fijo. Con la bomba de calor a SCOP 4,5, el mismo calor sale de unos 2.700-3.100 kWh eléctricos. Y aquí es donde el sistema hace la magia: con la fotovoltaica y la batería cubriendo una parte mayoritaria de ese consumo —la gestión inteligente ayuda mucho, concentrando la producción de calor en las horas de sol—, el coste real de climatizar la casa cae a una fracción pequeña del anterior. Entre el ahorro de energía y la desaparición del término fijo del gas, el ahorro anual se sitúa en un orden de magnitud de 1.200-1.500 €.
Por el lado de la inversión, el paquete fiscal que detallamos en el artículo de ayudas juega aquí su mejor partida: sustituir gas por aerotermia con fotovoltaica supera casi siempre con creces la reducción del 30% del consumo de energía primaria no renovable, lo que abre la deducción de IRPF del 40% con base de hasta 7.500 € (hasta 3.000 € de deducción). La aerotermia es, además, la tecnología estrella de los CAE —la sustitución de una caldera fósil genera un volumen de certificados muy superior al de una fotovoltaica—, con un valor orientativo de 600-1.200 € vía sujeto delegado. Sumamos las bonificaciones municipales de IBI que correspondan y, si hay convocatoria autonómica abierta para térmicas renovables, la ayuda correspondiente —con una regla de oro: estas ayudas se deben solicitar antes de empezar las obras, y el certificado energético previo debe hacerse antes de tocar nada. Quien empieza la obra y luego pregunta por las ayudas, ya ha perdido la mitad.
Contándolo todo, el coste neto de la actuación queda en torno a los 11.000-13.000 €, y con el ahorro anual mencionado el retorno se sitúa alrededor de los 9 años —para un equipo con una vida útil esperada de 15-20 años, y con el precio del gas como única variable que puede acortarlo (históricamente, nunca ha jugado a favor de quien se queda).
El orden de los factores sí altera el producto
Si partís de cero, este es el orden que recomendamos, y no es arbitrario: primero, certificado energético inicial (es la foto "antes" que necesitaréis para todo). Segundo, tramitar las ayudas que exigen solicitud previa. Tercero, fotovoltaica y batería, que son la base energética del sistema —si dudas de cómo dimensionarlas, lo explicamos en la guía de dimensionamiento. Cuarto, aerotermia, que ya nace alimentada por vuestra propia energía. Y quinto, cargador y vehículo eléctrico, que llega a una casa con excedentes por absorber. Hacerlo al revés —comprar el coche primero, o poner la aerotermia sin fotovoltaica— funciona, pero deja dinero sobre la mesa en cada paso.
Y un último apunte de la casa: todo este sistema vale lo que vale su gestión. Un hogar electrificado tiene cuatro consumidores grandes compitiendo por la misma energía solar, y decidir cada hora si la energía va a la batería, al depósito de ACS, al coche o a la red es exactamente la clase de problema que no se resuelve con un temporizador. Es lo que hacemos: diseñar el sistema, dimensionarlo sin inflarlo y hacerlo trabajar coordinado. Si tienes una casa con gas y te preguntas por dónde empezar, envíanos la factura de luz y la de gas: el análisis es gratuito y los números, como siempre, te los daremos sin maquillar.
Equipo SolarBox